Los niños se ponen malitos

Es una realidad y necesitamos tener soluciones para cuando ocurre. Cada familia tiene una situación laboral y personal diferente, trabajos más o menos flexibles, familiares a los que acudir, hermanos mayores, abuelos, tíos, personal doméstico…

En la etapa de la escuela infantil está realidad interfiere con la adaptación alargándola y en general hace que las familias se planteen si les compensa el coste económico adicional que ello supone. Es otro de los motivos por el cual conviene retrasar la incorporación a la escuela a los 9 meses, cuanto mayores son tienen más defensas.

Cuando un niño está malito como para no acudir a la escuela no quiere decir que está en cama con 40 de fiebre, muchas veces aparenta estar bastante bien y contento, eso hace que los papás no comprendan a veces por qué desde la escuela les pedimos que no traigan al niño. Nuestras razones son siempre para evitar contagios. No somos médicos, pero tenemos suficiente experiencia como para saber cuándo puede venir el niño a la escuela. Y somos muy conscientes de las molestias de todo tipo y especialmente económicas que esto supone. Pero también conocemos muy bien lo que ocurre cuando un virus se instala en el aula y hasta las maestras y educadoras acaban enfermando.

Una vez más mi modelo de escuela flexible busca soluciones como por ejemplo la posibilidad de una incorporación progresiva con horarios reducidos los primeros meses.

Pero en este caso la flexibilidad y la ayuda a conciliar no debe confundirnos, por el bien de todos, aunque nos pueda costar perder alumnos, con este tema hay que ser estrictos. La salud y el bienestar del bebé, del niño. debe estar por encima del problema “social y laboral de falta de conciliación” de padres que no pueden venir a recoger al niño porque no les dejan pedir días libres en el trabajo o no les quedan, o porque tienen una reunión importante a la que no pueden faltar…  En realidad volvemos a lo de siempre, es un problema económico y desde la escuela tenemos que aprender a transmitiros esta realidad. Cuando venís por primera vez a informaros y a reservar una plaza tenemos que hacer hincapié sobre este tema, por mucho que nos duela, si no se asume y se comprende con claridad sólo nos va a crear problemas a ambas partes.  Para la escuela es doloroso perder una reserva por culpa de hablar claro, pero debemos ser conscientes que es mucho peor perder esa plaza si una vez comenzado el curso esa familia se da de baja, y eso ocurre y es mucho más difícil llenarla de nuevo en ese caso. Se trata sin lugar a dudas de la situación más difícil de gestionar en una escuela.

Si quieres conocerme un poco más, los libros que he escrito hablan de mí. 

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